martes 26 de agosto de 2008

Estanislao


Estanislao, fotografía de Fina Rosell
Estanislao estaba fascinado con la historia que le contó el heladero, "resulta que hay unos robots tan chiquitos que pueden llegar al corazón y arreglarlo", pero después su papá lo desilusionó un poco cuando le dijo que eso era todavía un experimento, y además los médicos que atienden al abuelo son unos inútiles.

Estanislao nunca había donado sangre, tembló cuando la enfermera le dijo que el hospital no tenía máquinas automáticas para sacar sangre y que, además de tener una aguja clavada en el brazo, iba a tener que mover la mano como cuando se dice chau.

Estanislao pensó que abajo de la tierra también había un poco de sangre suya y vió llorar a toda la familia. La vuelta desde La Tablada fué en silencio, y eso es lo que más le pesaba, porque quería contarles que había visto unos bichitos muy chiquititos que parecían de metal.

1 personas dijeron algo:

tomas dijo...

uau!
evidentemente este estanislao no estás seguro que los tomates sean rojos. Creo que empezar a descubrir bichitos de metal en los rincones de nuestra vida no estaría mal.
felicitaciones!