martes 7 de octubre de 2008

El pez

Sacó al pez de la pecera y me dijo:
-¿Lo de Rolo es mañana, no?
Rolo fue mi primer empleador, y ella estaba ansiosa por que comenzaba mi vida laboral. Yo, al contrario, estaba cagado tan cagado en las patas como mi pez, al que mi mamá estaba volviendo a poner en la pecera.
Me fuí a dormir enseguida, tratando de no dramatizar mis nervios. Por suerte me dormí rápido, pero tuve un sueño en el que era un gato blanco, sucio, tan sucio como si me hubiera llovido un litro de grasa de motor. Estaba corriendo -huyendo de un gran perro invisible- por todas las calles del barrio, desesperado de miedo, hasta que entré en la casa de mi tía, donde creo que recuperé mi forma humana. La sonrisa de mi tía era como un tang muy aguado y me dió la certeza de que estaba enferma, entonces decidí irme, creo que volví a ser un gato.

Desperté asustado, pero inmediatamente abandoné ese sentimiento y me enojé por lo que había soñado. Cuando me levanté miré por la ventana y vi las sabanas colgadas en la soga, decidí que las iba a descolgar yo, que era era un hombre trabajador y debía comenzar a hacerme cargo de la casa, además necesitaba redimirme por el papel que había jugado en el sueño.
Rolo era un tipo grandote, amigo de mi viejo, que me había dicho que estaba necesitando alguien para la carpintería. Yo le prometí que el lunes a las 7 estaba ahí, y había estado todo el fin de semana preocupado por mi incursión en el mundo laboral.
El sábado mi mamá me llevó a comprar un overol que me pareció ridículo, era blanco como un guardapolvo, pero ella estaba convencida de que ese era el tipo de overoles que usaban los empleados de Rolo, asi que no me quedó más opción y lo acepté como una carga más de la vida laboral, vestirse ridículamente, y me imaginé que a los otros carpinteros también les iba a resultar ridículo mi disfraz, que se me iban a cagar de risa en la cara.
Sentía que mi vida se estaba doblando al medio como una hoja. El Domingo lo pasé con mis amigos, les mostré el overol blanco y les pareció ridículo pero me recomendaron que vea la naranja mecánica, y que lo combinara con zapatones negros y tiradores colorados. No les hice caso pero entendí que ese overol iba a ser la burla de todo el mundo, que yo, en mi vida de adulto, me iba a sentir como un pez fuera del agua.
A partir de esa mañana de lunes de invierno decidí poner siempre esta cara de mate lavado y no reaccionar a los comentarios de la gente. Hace 10 años que estoy en la carpintería y todavía creo que no me aceptan.

1 personas dijeron algo:

tomas dijo...

muy bueno, mar!!
me hubiera gustado que haya detalles del primer día laboral.
aparte no pude dejar de sonreir mientras lo leía(también me angustió un toque)