Levantando fotos del piso

Mi prima Mari estaba de mal humor, miraba a Carmen que le explicaba algo. Yo les saqué una foto para ver si se reían, pero me putearon.
No voy más a esas reuniones.
Cuando era chico la tía Carmen hacía siempre un postre rico y al abuelo el asado no se le quemaba.
Desde que Mari volvió de Noruega todo empezó a salir mal. El primero que dejó de ir fué Jörgen, por razones obvias. Fué entonces que la soltería de mi prima empezó a pesarnos a todos: su interminable cara de orto y su nostalgia de algo que en realidad nunca llegó a ocurrir fueron suficientes para que Inesita -mi tía abuela- empezara a aducir que el trajín de venir desde Ezeiza a casa era demasiado para sus años.
Así fué que todos comenzamos a añorar alguna cosa: Los asados a punto, los postres, a Inesita, la rayuela, los mates, el truco de los viejos... al final parecía que todos estábamos en Noruega y que lo único de lo que nos podíamos ocupar era de la soledad y la cara de orto de mi prima Mari que volvió porque se sentía sola...
¡No voy más a esas reuniones!
¡Y la foto la rompo y la tiro a la mierda!
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